miércoles, 31 de julio de 2013

Día de la Bandera

El 12 de marzo de 1806 el Generalísimo Francisco de Miranda iza por primera vez la bandera tricolor: amarillo, azul y rojo, adoptada después y para siempre como nuestra enseña nacional.
            La Bandera fue izada en el palo mayor del Leander  que era un barco de 200 toneladas y 18 cañones, cabeza de la expedición que Miranda había organizado en Nueva York para iniciar la revolución de independencia en Venezuela.
            Arriada la bandera inglesa del Leander, hubo toda una fiesta solemne para enarbolar la nuestra tan pronto el barco expedicionario hacía escala en el Puerto de Jacquemel.
            James Brigs, cronista de la expedición, escribiría entonces: “En este día 12 de marzo de 1806 se ostentaron por primera vez a bordo, los colores de la bandera independentista: en una enseña que reproduce los tres primeros colores del arco iris. Con tal motivo tuvimos a bordo una pequeña fiesta: se disparó un cañón y se bebieron algunas copas, brindándose por el éxito de la bandera, que se esperaba, ondearía sobre un continente por largo tiempo esclavizado”.
            Realmente, el tricolor sólo pudo ondear durante dos días en el campanario de la Iglesia de la Vela de Coro porque, fracasada la expedición mirandina, los realistas la llevarán a la Plaza Mayor de Caracas para convertirla en cenizas. Cenizas que al fin se expandieron e impregnaron la atmósfera revolucionaria caraqueña que se mantuvo en suspenso hasta la gran coyuntura de abril de 1810.

            La Bandera mirandina reaparecerá en 1811 por mandato del Primer Congreso Constituyente de Venezuela, pero con un escudo de armas en el extremo izquierdo de la franja amarilla. Después, en 1814, le eliminan el escudo y en 1817 el Poder Ejecutivo dispone siete estrellas azules en la franja amarilla.  Tras la campaña de Guayana, el Libertador decreta una octava estrella en representación de esta provincia. Al constituirse la Gran Colombia el Congreso elimina las estrellas, pero seguirá siendo siempre el tricolor amarillo, azul y rojo que desde Angostura hasta el Potosí los ejércitos patriotas enarbolarán en su lucha por la independencia.

La cabeza de Ribas

             El 13 de marzo de 1815, el capitán realista Pedro Quintana, entregó la cabeza del General José Félix Ribas a las autoridades de Caracas, cubierta con un gorro frigio dentro de un saco. La cabeza había sido frita en aceite y enviada desde Valle de la Pascua en la grupera de una bestia por el coronel realista Lorenzo Barazola, quien hizo asesinar y decapitar al patriota revolucionario luego de encontrarlo fugitivo en un monte cercano, cuando descansaba con otros tres oficiales.
            En medio del escarnio de una turba despreciable, la cabeza de Ribas, dentro de una jaula, fue suspendida en la Plaza Mayor de Caracas y posteriormente en la alcabala de la Pastora donde permaneció por varios días aterrorizando a muchos, pero también  indignando y sublevando a los más contra los autores de tan infernal y condenable monstruosidad.
            José Félix Ribas, tío político del Libertador, guerreaba desde el comienzo de la Primera República. Se distinguía desde 1808 como un revolucionario vehemente de la nobleza criolla. Héroe de Magdalena, Niquitao, Los Horcones, La Victoria y Carabobo, sucumbió en Urica a pesar de la muerte de Boves y más tarde en Maturín donde comenzó su desgracia.
            Los vencedores de Urica llegaron a Maturín a cobrarse por asalto la muerte de Boves y a cuchillo pasaron a patriotas tan prominentes  como Miguel José Sanz, anciano venerable y maestro del Libertador; Francisco Javier Ustáriz y otros. Quienes pudieron sobrevivir de aquella sorpresiva matanza, huyeron y se dispersaron por el llano. Ribas, acompañado de tres oficiales, buscaba unirse a las tropas de Urdaneta que suponía en Barquisimeto, pero fue atrapado en Tucupido en un monte donde descansaba mientras uno de sus esclavos le buscaba provisiones en el pueblo. Así a la edad de 39 años, finalizó la carrera de este insigne patriota a quién la juventud venezolana rinde honores en la Victoria todos los años.


El autor de Alma Llanera

            El 14 de marzo de 1870 nació en La Guaira el maestro compositor Pedro Elías Gutiérrez, autor de “Alma Llanera” considerada desde 1914 como “segundo himno nacional”
            Pedro Elías Gutiérrez figura al lado de Francisco Lazo Martí (poeta nativista nacido en el Guárico, también un día como hoy pero un año antes que nuestro biografiado), Rómulo Gallegos, Daniel Mendoza y Rafael Bolívar Coronado entre los artistas que tomaron el llano venezolano como tema esencial de sus creaciones para magnificarlo y destacar a sus habitantes como símbolo de la venezolanidad.
            Así que mientras Daniel Mendoza y Rafael Bolívar Coronado bosquejan a nuestro llanero como auténticos personajes de la venezolanidad, Lazo Martí, con elementos del llano escribe su Silva Criolla. Rómulo Gallegos hace del llano el escenario de nuestro drama social y Pedro Elías Gutiérrez compone con letra del poeta Rafael Bolívar Coronado, su célebre Alma Llanera que le ha dado la vuelta al mundo.
            Pedro Elías Gutiérrez (casado con Laura Alfaro, 5 hijos) estudió en el colegio Santa María y a la edad de 15 años cursó música en la Academia de Bellas Artes. Su primera creación fue una “Marcha Triunfal”. A los 19 años compuso una sinfonía que estrenó con éxito en el Teatro Municipal de Caracas. El Presidente de la República Rojas Paúl emocionado con el concierto le ofreció una beca para que fuera a estudiar al exterior, pero este ofrecimiento jamás se cumplió.

            Fue Director de la Banda Marcial de Caracas, inspector de bandas militares, dirigió orquestas de óperas por espacio de 65 años. Su profusa y extraordinaria obra abarca todos los géneros, desde su conocida Alma Llanera hasta la misa “Panamericana” estrenada en Nueva York, en la Iglesia de San Patricio.

martes, 30 de julio de 2013

Juan Bautista Arismendi


            El 15 de marzo de 1775 nació en La Asunción, capital de la Provincia Margarita, hoy Nueva Esparta, Juan Bautista Arismendi, hijo del capitán de milicias don Miguel de Arismendi y doña María Subero Ibáñez de Eduía Alfonso.
            Juan Bautista Arismendi, capitán a la edad de 25 años al servicio de la Corona, despunta como revolucionario en 1813 cuando desde las bóvedas del Castillo de Pampatar organiza la resistencia y se subleva apoyado por buques comandados por el corso José Bianchi, personaje que después defraudará a los patriotas al final de la Segunda República.
            Cuando Morillo vino desde España con 15 mil hombres a pacificar a la América sublevada, empezó por invadir a Margarita. Ante aquel despliegue de fuerza, Arismendi se sometió y la Isla quedó nuevamente en poder de los realistas. Meses después, concretamente el 15 de noviembre de 1815, el caudillo margariteño se alzó y con 50  hombres, tres fusiles y 120 cartuchos, tomó a Juan Griego y progresivamente toda la Isla. En represalia el Gobernador Joaquín Urreiztieta apresó a Luisa Cáceres, esposa de Arismendi, y la remitió a Cádiz de donde más tarde la heroína venezolana escaparía. A partir de entonces, la Provincia de Margarita será para siempre independiente y formará lazos con Guayana por la vía del Orinoco para afianzar la guerra de independencia en su tercera etapa.
            En 1819, mientras el Libertador se hallaba realizando la campaña de la Nueva Granada, el general Juan Bautista Arismendi, desacató una orden del Congreso y el general Rafael Urdaneta, comisionado para hacerla cumplir, debió remitirlo preso a la Cárcel de Angostura. Su paisano Santiago Mariño, disgustado por la medida, estimuló disturbios obligando al Presidente del Congreso, Francisco Antonio Zea, renunciar a favor del insubordinado Arismendi, quién fue sacado de la Cárcel y llevado en marcha triunfal hasta el parlamento. A su regreso de Nueva Granada, el Libertador puso las cosas en orden y devolvió a Arismendi su responsabilidad de continuar jefaturando el Ejército de Oriente por lo que Zea reasumió la Presidencia.
            Consolidada la independencia, Arimendi siguió prestando importantes servicios a la nación y durante el proceso separatista de Venezuela de la Gran Colombia se puso resueltamente al lado de Páez, quién lo ascendió a General en Jefe. Arismendi murió en Caracas  a la edad de 66 años, el 22 de junio de 1841.


Zuazola, El Bárbaro

            El 16 de marzo de 1813 el vizcaíno Antonio Zuazola atacó y derrotó algunas guerrillas patriotas en los Magueyes, Aragua de Maturín, y cometió las más humillantes e indescriptibles barbaridades contra los sobrevivientes.
            Era un enviado de Monteverde que al igual que Yánez, Zerberis, Antoñanzas, Rosete y Boves aplicaba a su modo la Constitución  de la Monarquía. Zuazola coincidía con ellos, especialmente con Francisco Zerbaris en que a los pícaros criollos había que pasarlos todos por las armas y que no había que estar “ni con Regencia, ni con Cortes, ni con la Constitución sino, por nuestra seguridad, con el exterminio de tanto insurgente y bandido”.
            De manera que el vizcaíno Zuazola, en este sentido, no perdió tiempo en consideraciones de ninguna índole sino que cumplía la ley de conquista al pie de la letra y muchas veces con exageraciones.
            Era el año 1813 y había comenzado desde el islote de Chacachacare con un puñado de valientes patriotas la liberación del oriente venezolano. Monteverde, sabedor de este desembarco comandado por Mariño, envió a Zuazola a su encuentro en compañía de La Hoz. Su destino inmediato era Maturín defendido por Piar. Pero antes hubo de combatir con algunas guerrillas en el sitio de los Magueyes. Zuazola se envalentonó con sus 15 mil hombres y cometió con los sometidos las más atroces barbaridades. “Quemó casa, taló sementeras, ejecutó a los prisioneros, quitó las orejas a los vivos, degolló mujeres, niños y ancianos, los hacia coser espalda con espalda, quitar la piel de los pies para ponerlos a caminar sobre vidrios, paja encendida o guijarros. En fin, los mutilaba en todas formas para luego hacerles mofa y toda clase de vejámenes, y terminar decapitándolos.”

            En septiembre de 1814, cuando Bolívar sitia a Puerto Cabello, este Zuazola cae en manos de los patriotas y enseguida se le condenó  a la horca.

La conspiración y la pena de muerte

El 17 de marzo de 1825 el Ejecutivo Nacional, autorizado por el congreso de Colombia, dictó un decreto por el cual le estaba permitido imponer la pena de muerte a personas autoras de conspiración contra la independencia y libertad de la República.
Este decreto fue dictado por Santander en consideración de los informes levantados en Venezuela por el Intendente y el comandante General y que se referían a levantamientos  armados aislados en algunos pueblos como Tucupido, El Sombrero, Petare y otros.
Además de la Pena de muerte los autores principales o directores de una conspiración a mano armada perdían también sus bienes deduciéndose la dote y ganancias pertenecientes a la esposa en caso de no estar ésta implicada en la conspiración. De igual manera el decreto exceptuaba las dos terceras partes de los bienes a favor de hijos y herederos forzosos inocentes.
Disponía la distribución de la parte confiscable entre los individuos participantes en el restablecimiento de la tranquilidad pública y destrucción de la facción. Para el caso de que no hubiera necesidad de hacer ninguna de dichas deducciones, se disponía distribuir los bienes confiscados por partes iguales entre la educación pública de la provincia, el Tesoro Nacional y los individuos verificadores de la pacificación. Los demás miembros de la facción conspiradora, podían ser en castigo enviados a prestar servicio militar fuera del territorio o condenados a trabajos forzados durante seis años y los esclavos que la denunciaran se hacían acreedores a su libertad.
La Municipalidad de Caracas le salió al paso a este decreto del Gobierno de la Gran Colombia contra los conspiradores, señalándolo de violatorio de la Constitución Nacional. El doctor Alejo Fortique, Procurador Municipal, fue la persona encargada de probar tal violación basado en que la materia era de la competencia directa del Congreso y que éste por ningún motivo debió admitir consulta.


lunes, 29 de julio de 2013

La Provincia de Margarita

            El 18 de marzo de 1525 el Emperador Carlos V dictó una real cédula por la cual creaba la provincia de Margarita dependiente tanto en lo político como en lo militar y Judicial, de la Real Audiencia de Santo Domingo.
            La Provincia abarcaba lo que es la Isla de Margarita en el mar de las Antillas, al frente de la costa de Cumaná o Nueva Andalucía.
            Había sido descubierta por Cristóbal Colón en su tercer viaje (1498) y resultaba entonces el punto más conveniente para concentrar los trabajos de pesquería y explotación de la perla que tenía a la Isla de Cubagua como asiento principal.
            La Isla, en calidad de encomienda, fue entregada por dos vidas a Marcelo Villalobos, quién había sido Oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo, pero falleció al año siguiente (1526) cuando se disponía viajar para encargarse de la gobernación.
            Los derechos de la gobernación fueron transferidos a su hija Aldonza de Villalobos Manrique, quién gobernó en ausencia y a través de tenientes de gobernador por ser menor de edad y luego a través de su esposo Pedro Ortiz y Juan Gómez de Villandrando, esposo de su hija Marcela. La fundó con los habitantes de Cubagua o Nueva Cádiz en el punto que se conoce hoy Pampatar. Aquí levantó una fortaleza que en 1662 destruyeron los holandeses y después otra en un cerro del Valle de la Asunción, capital de la Provincia.
            Cuentan las crónicas que en 1561, cuando Lope de Aguirre invadió la isla por la ensenada de Paraguachi, enseguida prendió y dio muerte a garrotazos al teniente gobernador Gómez de Villandrando, robó las cajas reales en las que estaba depositado el quinto de la pesquería de perlas de Cuabagua, saqueó la ciudad y tras cometer muchas otras crueldades, la abandonó.
El 1555, el mestizo Francisco Fajardo, natural de la isla, concibió el proyecto de descubrir, conquistar y pacificar la provincia de Caracas junto con su madre la cacica Isabel, sus hermanos Juan, Alonso Carreño y Pedro Fernández.


Berrío llega a Caroní

El 19 de marzo de 1591, Antonio de Berrío llega a la boca del Caroní, después de navegar el Orinoco, desde la Nueva Granada, para tomar posesión de Guayana.
El heredero indirecto de los dominios de Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Bogóta, se hallaba desde 1583 en el Reino de Nueva Granada, con su esposa María de Oruña y sus hijos Francisco y Fernando, cuando decidió emprender una expedición a la vasta Provincia de Guayana y el Dorado bajando por los ríos Casanare, Meta y Orinoco hasta encontrarse con el Caroní.
Había realizado dos primeras expediciones, pero con resultados muy precarios. La primera en 1584, acompañado de Fray Domingo de Santa Águeda, el portugués Alvaro Jorge y los capitanes Fernán Parra y Gonzalo de Pina Ludueño, 80 soldados y 60 caballos, entre otros animales como reses y cerdos.
La segunda en 1587, entonces se estableció en la margen derecha del Alto Orinoco y estableció un campamento de 30 bohíos, donde permaneció tres años explorando todos los caminos y aldeas que pudieran conducirlo a la espléndida y dorada Manoa, siempre tan cerca en la ilusión como tan lejos de la realidad.
Fue durante la tercera expedición que navegó el Orinoco a favor de la corriente, desde el Meta hasta el delta, pero se detuvo en la zona de la desembocadura del Caroní donde arribó el 19 de marzo de 1591 he hizo su primer contacto con los indios guayanos del lugar y su gran Cacique Morequito con quien al final no se llevará muy bien, pues éste se opuso resueltamente a que construyera un fuerte en sus tierras.
El Cacique Morequito terminará ejecutado junto con muchos guayanos, lo cual facilitó a don Antonio de Berrío fundar la ciudad de Santo Tomás el 21 de diciembre de 1595. La Toma oficial de la Provincia de Guayana y El Dorado la había efectuado antes en su nombre el capitán Domingo de Vera Irbagoyen (23 de abril de 1593)
Una vez fundada la capital de Guayana, Berrío se dispuso a gobernar, poblar y enviar expediciones en busca de El Dorado. En esa ardua tarea se le consumió el resto de vida que le quedaba y falleció en 1597, a los 76 años. Le sucedió su hijo Fernando, quien tenía 20 años de edad.

 

Primera carta de Bolívar

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El 20 de marzo de 1799, Bolívar, que apenas contaba 16 años, escribe desde el exterior su primera carta, a bordo de un coche que lo lleva desde Ciudad de México al Puerto de Veracruz, escala obligada en su primer viaje de Venezuela a España.
Esta carta dirigida a su tío y tutor Don Pedro Palacios y Sojo, en Caracas, la transcribimos son la misma ortografía de la época:
            “Estimado tío mío: mi llegada á este puerto ha felizmente gracias á Dio: pero nos hemos detenido aqui con el motibo de haber estado bloqueada La Abana, y ser presiso el pasar por allí; de sinco nabios y onse fragatas inglesas. Después de haber gastado catorce días en la navegasion entramos en dicho puerto el día dos de febrero con toda felicidad. Hoi me han sucedido tres cosas que me han complacido mucho: la primera es aber sabido que salía un barco para Maracaibo y que por este conducto podía escribir a Ud. mi situación, y participarle mi viaje que hice a México en la inteligencia que usted con el obispo lo habían tratado, pues me allé aquí una carta para su sobrino el oidor, que fue donde viví los ocho días que estuve en esa ciudad. Don Pedro Miguel de Echeverría costeó el viaje que fueron cuatrocientos pesos poco mas o menos de la cual determinará usted, si se los paga aquí o allá a Don Juan Esteban de Hechesuría, y siendo el conducto el Obispo. Hoi a las  onse de la mañana llegué de México y nos vamos a la tarde para España y pienso que tocaremos en la Abana porque ya se quitó el bloqueo que estaba en ese puerto, y por esta razón ha sido el tiempo muy corto para hacerme más largo. Usted no estrañe la mala letra pues ya lo hago medianamente pues estoy fatigado del movimiento del coche en que acabo de llegar, y  por ser muy ligera la he puesto muy mala y me ocurren todas las especies de un golpe. Espresiones a mis hermanos y en especial ha Juan Vicente que ya le estoy esperando, a mi amigo Don Manuel de Matos y en fin a todos a quién yo estimo.

          Su más atento Servidor y su hijo. Simón Bolívar”.

domingo, 28 de julio de 2013

Expedición de Los Cayos

            El 21 de marzo de 1816, el Libertador sale de los cayos de San Luis comandando una expedición con destino a la Isla de Margarita, en un nuevo y esperanzador intento de recuperar la República por dos veces perdida.
            La expedición compuesta de siete goletas y 250 hombres, en su mayoría oficiales, fue organizada con la generosa ayuda del Presidente de Haití, Alejandro Petión y el Almirante curazoleño Luis Brión, quien durante el curso de la misma resultará herido en combate en alta mar con un bergantín español.
            El 31 de marzo, zarpa  dando inicio a una navegación cautelosa que tarda poco más de un mes. A bordo de las goletas van oficiales venezolanos y neogranadinos, entre ellos, Manuel Piar, Santiago Mariño, Ambrosio Plaza, Gregor Mac Gregor, Francisco Antonio Zea, Pedro María Freites, Bartolomé Salom, Pedro León Torres, Carlos Soublette, Pedro Briceño Méndez, Manuel Valdés, Diego Ibarra, Juan Bautista Bideau, Carlos Chamberlain, Juan Baillio, Carlos Eloy Demarqut, Renato Beluche, y Henri Ducoudray – Holstein.
            Pero un día antes de arribar a las costas de la Isla de Margarita debe darle combate  en los Frailes a dos bergantines españoles que derrota tras captura a la escuadrilla de Brión.
            El 3 de mayo de 1816, llegan finalmente a las costas margariteñas de Juan Griego donde la expedición es recibida por el general Juan Bautista Arismendi, quien domina gran parte de la isla desde noviembre del año anterior.
            Los patriotas marcharon hasta la Villa del Norte y celebraron una asamblea que ratificó a Bolívar como Jefe Supremo y reconoció a Santiago Mariño, como segundo Jefe. Aquí el Libertador lanzó dos proclamas: una muy general a todos los venezolanos y otra a los habitantes de Costa firme en las cuales destaca la decisión  del ejercito patriota de recuperar la República. Elogia la magnanimidad de Luis Brión comprometido en tal empresa, hace hincapié en la unidad del ejército y promete a los españoles cesar la guerra a muerte si ellos convienen en lo mismo.

            Esta expedición, aun cuando Bolívar sufrió serio descalabro en Ocumare de la Costa, permitió a los patriotas avanzar y consolidar posiciones en el Oriente, especialmente en la provincia de Guayana, cuya campaña militar profundizada exitosamente por Manuel Piar, abrió nuevos derroteros y afincó el triunfo definitivo de la República.

Día mundial del agua

            El 22 de marzo de 1993 diversos organismos internacionales vinculados a las Naciones Unidas, acordaron adoptar esta fecha de manera simbólica para celebrar todos los años el Día Mundial del Agua.
            El acuerdo tomado en 1993 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, conjuntamente con la Organización Mundial de Meteorología, la UNESCO, el Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables y las ONG u organizaciones no gubernamentales, entre otros,  se fundamenta en la necesidad de llamar la atención de los habitantes del planeta, sobre la importancia de conservar tan vital líquido.
            Si el hombre de nuestros días no emprende un esfuerzo continuo y sistemático para preservar y conservar los manantiales de la vida, listo estará para perecer y sepultar el porvenir de las venideras generaciones.  De manera que el uso indiscriminado de los recursos hídricos y el agotamiento cada vez más severo a medida que crecen las poblaciones, exigen una actitud de conciencia con respecto a su uso.
            Las estadísticas mundiales que se manejan sobre el agua para el siglo XXI, revelan que por lo menos un mil millones de habitantes de todo el planeta no tendrían garantía de acceder al vital líquido, y otros dos mil millones dispondrían del agua, pero de manera insalubre, toda vez que sería difícil el saneamiento adecuado.
            Por otra parte, se estima que para dentro de unos 25 años, la demanda del preciado líquido destinada al consumo habitacional estaría en un 7 por ciento, otro 2 por ciento a la industria y la diferencia en regadío.  De igual manera revelan las estadísticas  que más del 97 por ciento de las aguas de nuestro planeta son saladas y sólo una ínfima porción del agua dulce es de fácil acceso.


El coronel Hippisley

File:Monumento legión británica.jpgMonumento a la Legión Británica

            El 22 de marzo de 1818, Bolívar quién venía de derrotar a Morillo en Calabozo, contesta al Coronel G. Hippisley, de tránsito en la Isla de Granada, una carta sobre la llegada de tropas inglesas que se sumarían a la causa de la Independencia.
            Se expresa así: “Señor Coronel: Tengo el honor de contestar su estimable carta del 9 de febrero que me ha entregado el teniente coronel English. Doy a Ud la enhorabuena por su feliz arribo, y doy a usted, las más sinceras gracias por los generosos servicios que tan gratuitamente ofrece usted a mi patria”
            “Solamente la gloria y la satisfacción de combatir por la noble y grande causa de la libertad de América, y la eterna gratitud de éste a sus bienhechores, pueden recompensar los sufrimientos y sacrificios de Ud. y de sus generosos compañeros”.
            “Ud. Ha estrechado la alianza que la América, y sobre todo Venezuela, deseaba formar con la Gran Bretaña. El almirante Brión debido ya partir para esa isla para facilitar el transporte de Ud. y de los oficiales y tropas que vienen a órdenes de Ud. También se ha ordenado que ejecute el movimiento que, por ahora, juzgo más importante. Mientras tengo el gusto de ver a Ud. incorporado al ejército, quedo de Ud. con el mayor respeto y consideración su atento y adicto servidor. BOLIVAR”.
            El almirante Luis Brión salió del Orinoco el 3 de Abril, recogió las tropas inglesas y después de hacer escala en Margarita llegó nuevamente a Angostura el 12 de julio con dichas tropas. Llegaba también a bordo el señor Juan Bautista Irvine, observador de los Estados Unidos y asistente más tarde como invitado al Congreso de Angostura.
            El Coronel Hippisley estará poco tiempo en Venezuela al mando de los Húsares. Desavenencias con los oficiales patriotas, entre ellos, el General Tomás Montilla, quién lo mete preso en la Cárcel de Angostura, y también con sus propios compatriotas ingleses, lo colocan en situación tal que al Jefe Supremo no le quedó más alternativa que pedirle la renuncia y expulsarlo del país. Hippisley publicará año después un libro revanchista deformando  la imagen del Libertador y entre otras cosas insinúa que era Bolívar amante de Isabel Soublette y que luego cansado de ella se la endosó a Juan Bautista Dalla – Costa (padre).


sábado, 27 de julio de 2013

El tirano Aguirre

            El 23 de marzo de 1561 Lope de Aguirre, alienado personaje que atemorizó a Venezuela, desconoció al Monarca Felipe Segundo de España y pretendió separar al Perú de la corona, seguido por los soldados marañones.
            Nacido en la Villa de Oñate, en 1518, este personaje llegó al nuevo mundo en la expedición de Diego Durán y permaneció dos años en las Islas del Caribe, al cabo de los cuales marchó al Perú donde tomó parte de las luchas civiles hasta el punto de renegar del nombre de su patria España.
            “Reniego de mi nombre de español – decía – y me halago con llamarme marañón o peruano, y todo, para mejor descartarme de la servidumbre del rey”.
            Incorporado a la misión que en 1560 y al mando de Pedro Ursúa, despachó el Virrey del Perú para conquistar el reino de los omaguas, entre los ríos Amazonas y el Orinoco, donde se decía estaba el famoso Dorado, se alzó con dieciocho hombres de los 400 que integraban la expedición y luego de dar muerte al comandante Pedro de Ursúa a su lugarteniente, se proclamó jefe de la expedición.
            Siguió a la deriva los cursos del Amazona, Río Negro, el Brazo Casiquiare y el Orinoco, ya a caballo, a pie por entre la enmarañada selva, navegando en frágiles curiaras indias, trepando cumbres, caminando sabanas, pantanos, andando al azar y en un abierto desafío a la resistencia humana, llegó hasta el Atlántico y luego a la Isla de Margarita donde cometió actos sanguinarios que empavorizaron a la población. Antes de saltar a tierra el Tirano Aguirre, a quien se pintaba como hombre delgado, pequeño, mal encarado y parlanchín, hizo dar garrote a dos de sus compañeros, Diego de Alcara y Gonzalo Piral de Fuentes. Luego mató a palos al Gobernador Juan Gómez de Villandrando, a su maestre de campo, y al Capitán Turriaga.

            Saqueó los caudales de la ciudad, se robó la cosecha de perlas y cometió otras crueldades antes de abandonar la Isla para dirigirse a Costa Firma. Embistió sobre Borburata y Valencia, pero habían quedado desiertas porque sus habitantes huyeron espantados. Cuando trató de entrar a Barquisimeto, Aguirre contaba con sólo 150 soldados que desertaron al ver que no podían enfrentarse a las tropas bien armadas del Gobernador Pablo Collado. Entonces, abandonado y solo, desistió de su empresa de terror y saqueo. Terminó apuñalando a su hija, muriendo de dos arcabuzazos que le disparó un soldado llamado Custodio Hernández.

Abolición de la esclavitud

José Gregorio Monagas


El 24 de marzo de 1854, el Presidente de la República, general José Gregorio Monagas, ejecutó la Ley de Abolición de la esclavitud y erogó tres millones de pesos para indemnizar a los amos de unos 40 mil esclavos venezolanos.
            La dicha ley había sido sancionada por el Congreso de la República el día anterior y después de un mes de haber el diputado José María Luyano, solicitado el nombramiento de una comisión para revisar el proyecto de manumisión que reposaba en la Cámara desde 1850.
            El resultado de la revisión fue el proyecto de abolición que 21 días antes de su aprobación presentaron 31 miembros de la Cámara con el apoyo absoluto del Presidente Monagas.
            El problema de la esclavitud en Venezuela databa desde la época de la Colonia y su abolición fue propuesta por el Libertador en los días inmediatos de la Expedición de los Cayos y posteriormente en el Congreso de Angostura, pero el Congreso de Colombia posteriormente se limitó a una Ley de manumisión por la cual se establecía la libertad de los hijos de los esclavos nacidos a partir de la promulgación de la Ley. Cuando la separación de Venezuela de la Gran Colombia, esta Ley fue sustituida por otra que ejecutó Páez en 1830 y que en nada mejoró la situación del esclavo venezolano. Más bien tendía a agravarla, aunque en 1839 Venezuela  firmó un tratado con la Gran Brataña prohibiendo el tráfico esclavista.

            La Ley de abolición de la Esclavitud se dictó cuando ya en Venezuela era insostenible la situación. Cada día se presentaban fugas, insubordinaciones, rebeldías y acciones cruentas que repercutían negativamente en la economía del país. De 1830 a 1854 se habían presentado unas 150 rebeliones y conatos de sublevación por esclavos deseosos de su libertad.

Guaicaipuro


El 25 de marzo de 1567, las huestes indias de Guaicaipuro fueron destrozadas por los castellanos de Diego de Losada, en el vallecito del Río San Pedro.
            El Gran Cacique de los Teques y de los Valles de los Caracas había salido con diez mil indios a cortarle el paso a los expedicionarios castellanos que formaban toda una abigarrada caravana de 150 españoles, 800 indios de servicio, 4 mil carneros y unas 200 bestias.
            Desde que el mestizo margariteño Francisco Fajardo intentó poblar los fértiles y fríos valles de Caracas, el Cacique Guaicaipuro había aglutinado a su alrededor a todas las tribus diseminadas  de la región.
            A Fajardo lo derrotó y expulsó de  su territorio y a Juan Rodríguez Suárez, fundador de Mérida, designado por Pablo Collado para poblar el valle caraqueño, le dio muerte lo mismo que a sus hijos y a 35 hombres que junto con él cumplían esa misión y explotaban las minas de oro de los Teques.

            Guaicaipuro, indio inteligente y aguerrido, opuesto hasta su muerte a que los extranjeros ocuparan su suelo, viendo que las lanzas y las espadas de los soldados castellanos predominaban en cada escaramuza sobre sus armas primitivas, sustituyó su macana por la espada de su víctima el expedicionario Juan Rodríguez y desde entonces peleó con ella y con la misma, terca e inútilmente, pretendió derrotar a aquellos hombres que jineteando bestias enarbolaban el acero contra sus desnudos cuerpos. Guaicaipuro reunía y reunía todas las tribus, a los Toromaymas, Mariches, Tarmas y Teques y siempre resultaba vencido por los soldados de Losada. Un día Losada viendo que sería imposible fundar en paz el Valle de Caracas mientras que resistiera guerreante la figura del Cacique, comisionó a los mejores de sus hombres para sorprenderlo en su rancho y atraparlo. El alcalde Francisco Infante y Sancho de Villar, jefes del asalto, cumplieron su cometido.  Guaicaipuro con veinte flecheros que guardaban su vivienda no se rindió, batalló hasta lo último. Sacudido y acosado por el fuego con el que los castellanos hicieron arder su choza, salió al frente con sus armas primitivas, pero más pudieron la astucia y la sorpresa. El caudillo de la libertad sucumbió bajo el casco y el acero de los conquistadores.

viernes, 26 de julio de 2013

Terremoto de 1812


            El 26 de marzo de 1812 un terremoto sacudió a gran parte de Venezuela, especialmente a Caracas, originando un contratiempo terrible y fatal al proceso de la República que recién había declarado su independencia y luchaba militarmente para consolidarla.
            El jueves santo, a las cuatro y siete minutos de la tarde, se produjo la catástrofe sísmica. Caracas, La Guaira, San Felipe, Barquisimeto, El Tocuyo, Mérida, Carora, Maiquetía, Antímano, Baruta y La Vega casi desaparecen al estremecerse la tierra durante 48 segundos. A otros muchos pueblos los castigó el coletazo pero con daños de menor consideración. Se estima que unas 15 mil personas quedaron sepultadas bajo los escombros. La torre de la Catedral de Caracas se inclinó partido su primer cuerpo de arriba abajo. Las demás iglesias se desplomaron. Juan Landaeta, autor del Himno Nacional, al igual que centenares de personas que acudían a los ritos de la Semana Santa, murió sepultado al desplomarse techos y paredes de la catedral.
            La conmoción fue general y la confusión y terror de la gente que imploraba la bondad de Dios buscando hacia el cielo quiso ser aprovechada políticamente por sacerdotes de la iglesia para sermonear al pueblo haciéndole ver que se trataba de un castigo del Ser Supremo por negarse a respetar y acatar la autoridad de Fernando VII “ungido del Señor”. Uno de los predicadores sobre las ruinas de san Jacinto era un fraile de nombre Felipe Mota, de la congregación de Santo Domingo y a quien el Libertador, en mangas de camisa y espada en mano, hizo desistir de su discurso con esta admonición: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”.

            Para tratar de frenar a la Iglesia en sus propósitos contrarios a la República, el Congreso concedió facultades especiales al Poder Ejecutivo, y el Arzobispo de Caracas, Narciso Coll y Prat, fue amonestado y estuvo a punto de ser extrañado del país. Aprovechándose de la situación y de que gran parte de las guarniciones republicanas habían parecido en varias ciudades, el Capitán realista Francisco Monteverde marchaba sobre Barquisimeto  y San Carlos mientras en el Sur fracasaba la expedición que trataba de recuperar la provincia de Guayana.

Expulsión de los Jesuítas


            El 27 de marzo de 1767, Carlos III, Rey de España, decretó la expulsión  de los jesuitas así de todos sus dominios, incluyendo a los que desde 1664 venían evangelizando las regiones del Orinoco y del Meta.
            Esta disposición afectó a los misioneros regulares de la Compañía de Jesús así como sacerdotes, coadjutores y legos.
            Los jesuitas, misioneros de la contra-reforma, ascéticos y disciplinados, más que al monarca, culparon de esta medida al Presidente del Consejo de Castilla, el Conde de Aranda, un militar y diplomático muy enérgico, imbuido de la doctrina de los filósofos franceses.
            Para este año de la expulsión, los misioneros con la anuencia del Gobernador de Andalucía de la cual dependía la provincia, se habían dividido el territorio de Guayana así: Desde el mar hasta Angostura, los misioneros capuchinos. Desde Angostura hasta el Río Cuchivero, los observantes de San Francisco y desde Cuchivero hasta los confines de la Nueva Granada correspondía a los jesuitas.
            A los misioneros jesuitas  se les atribuye la fundación de los pueblos de Carichana, Sinaruco, San Lorenzo, Domo, Piaroa, Atures, La Urbana, Concepción de Uyape, San José de Paruaza, Santa Bárbara, San Francisco Regis, Santa Teresa, San Francisco de Borjas, Cabruta y San Luis de Encaramada.
            La mayoría de estos pueblos fundados desde el Cuchivero hasta Colombia fueron destruidos por los ataques constantes de los indios caribes y el abandono y muerte de los misioneros.

            Cuando Don Manuel Centurión recibió de España la orden de expulsar a los jesuitas, sus poblados pasaron a mano de los misioneros capuchinos que predominaban en casi toda Venezuela. Centurión se las llevó siempre bien con los misioneros hasta el punto de que los jesuitas lo elogiaron después de ser arrojados; sin embargo, sus informes al Rey denunciaron siempre la esterilidad del régimen religioso y la conveniencia de sustituirlo por un plan de colonización civil.

Natalicio de Miranda

 El 28 de marzo de 1750 nació en Caracas, Sebastián Francisco de Miranda, inmortalizado con el título de precursor y apóstol de la independencia venezolana.
            Era hijo mayor de don Sebastián de Miranda y Ravelo, oriundo de las islas Canarias y de doña Francisca Antonia Rodríguez Espinoza, caraqueña. Fue bautizado a los ocho días y confirmado más tarde por el Obispo Manuel Machado y Luna.
            Su vida que transcurría en la abundancia y tranquilidad de la colonia se vio perturbada por asuntos de linaje, pero su viaje a España en 1771 le devolvió la serenidad espiritual. Soñaba con ganar laureles para retornar y humillar a los criollos y blancos  arrogantes de su patria. Muy pronto ascendió a Capitán del Ejercitó Real, viajó a Estados Unidos y combatió por la independencia de aquél país. Antes lo había hecho en las islas Bahamas. Estando en Cuba fue obligado a abandonarla por haber fundado una sociedad comercial que negociaba con los ingleses. Entonces volvió a Europa y penetró hasta la Corte de Catalina de Rusia, quien le brindó amistad y estímulo para su lucha a favor de la independencia hispanoamericana. En 1770 se alistó al lado de los revolucionarios franceses y rápidamente ganó el grado de mariscal de campo y su figuración en el Arco de Triunfo de París.

            De Francia pasó a Inglaterra donde se residenció para planear la lucha por la Independencia de Venezuela. Fundó la Gran Logia Americana que aglutinó secretamente a los partidarios de la liberación de las colonias españolas. Volvió luego a los Estados Unidos y desde allí preparó su expedición a Venezuela. Después de su fracaso expedicionario, las luchas napoleónicas abren un nuevo camino. Miranda y Bolívar se ponen al frente de la fervorosa iniciativa del 19 de abril de 1810 y emprenden una campaña contra Domingo Monteverde. Se le confiere entonces el título de Dictador y Generalísimo.  Por dos veces bate al realista, pero la traición de Vinoni cuando se disponía al golpe final hacen fracasar a la Primera República. Miranda firmó la capitulación, pero más tarde fue acusado de traidor. Sus propios compatriotas revolucionarios, entre ellos Bolívar, lo entregaron a Monteverde. Aquí comenzó el ocaso de  Miranda. De prisión en prisión llegó a acabar con sus huesos en las bóvedas de la torres gaditanas, para nunca más saberse de ellos.

Universidad de los Andes


El 29 de marzo de 1785, con el nombre de Seminario de San Buenaventura de Mérida, nació lo que conocemos en la actualidad como Universidad de los Andes.
            Es la obra de muchos, pero se reconoce a Fray Ramos de Lora como el iniciador de esta importante casa de estudios del país en la cual siguen carrera profesional más de 50 mil estudiantes.
            La Universidad tiene su sede en Mérida, pero a lo largo de su evolución ha logrado extender sus aulas a Táchira y Trujillo siguiendo el ejemplo de la Universidad de Oriente, pionera del sistema de núcleos universitarios en los puntos urbanos más importantes de su influencia.
            De manera que la primigenia Universidad de Mérida pasó a ser con el tiempo la Universidad de los Andes, pero en ella cursan estudiantes procedentes de todo el país, por lo que como nos dijera el periodista Miguel Angel Liendo, en cualquier rincón de la geografía nacional se encuentra a un egresado de sus aulas, ejerciendo  o bien desempeñando su labor de formación o de orientación.
            En ella funcionan las facultades de Ciencias, Economía y Forestal; la facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, la facultad de Odontología, las de Ingeniería, las de Ingeniería,  Medicina, Farmacia, Arquitectura, Humanidades y Educación.
            La vida de Mérida, la antigua ciudad de Santiago de Los Caballeros, la de las montañas de nieves perpetuas, la ciudad del miche y la mitela, depende en mucho de esta Universidad sembrada hace más de dos centurias en su propio corazón.

            Mérida, por su Universidad que es la segunda en orden cronológico de las Universidades del país, y por ser la capital del Estado que posee un mayor número de parques (19) y zonas verdes, es  sede del Instituto Forestal Latinoamericano, según convenio suscrito por diez gobiernos de países europeos y americanos.

Muerte de Petión


            El 29 de marzo de 1818, murió el General Alejandro Petión, héroe de la Independencia de Haití y extraordinario colaborador de la emancipación de Venezuela. Hijo de una mulata llamada Ursula, falleció a la edad de 48 años.
            Figuró como soldado de grandes dotes y prestó servicios militares a Francia sin dejar por ello de luchar tenazmente en contra de la esclavitud de su pueblo hasta verlo unido y libre.
            El nombre de Alejandro Petión suena grato a los oídos de los venezolanos.  No sólo porque haya sido el creador de la  República de Haití y Presidente de acendrada inteligencia y patriotismo, sino porque en los aciagos días de la guerra independentista, prestó generosa ayuda moral y material al Libertador Simón Bolívar, facilitando el éxito de aquella célebre expedición desde Los Cayos de San Luis en 1816 y con la cual comenzó a conformarse la Tercera República.
            Cuando ocurrió la muerte del General Petión, Bolívar se hallaba en Guayana al mando del Cuartel General de Angostura y desde este lado del Orinoco, enterado de la infausta noticia, escribió al sucesor de su amigo y protector, una carta que comenzaba así:
            “He sabido con el mayor sentimiento de la muerte del Presidente Petión; su patriotismo, su generosidad, y las demás virtudes que le caracterizaban han excitado mi veneración y la de todos mis compatriotas: esa veneración será inmortal como el nombre de Petión.”
En una de las tantas correspondencias que Simón Bolívar se cruzara con el Libertador de Haití, le decía: “En el fondo de mi corazón digo que V.E su Libertador”.

            En otra escrita en francés y fechada en Los Cayos el 18 de febrero de 1816 el Libertador le pedía a Petión el permiso de nombrarlo en todas sus proclamas a los venezolanos como “el autor de nuestra libertad”.

Los restos de Pío Gil


            El 30 de marzo de 1978 llegaron desde Francia a Venezuela los restos del escritor Pedro María Morantes (Pío Gil) y fueron colocados por el Presidente de la República Carlos Andrés Pérez, en el mausoleo Plaza de la Libertad en San Cristóbal del Táchira.
            Pío Gil, a la edad de 56 años, se hallaba en la ciudad de París donde se radicó después de un destierro voluntario que se impuso en 1908, decepcionado y avergonzado por el régimen de Cipriano Castro o “El Cabito” como solía llamarlo en sus demoledores panfletos contra el gobierno.
            Pedro María Morantes o “Pío Gil”, era tachirense y hasta 1902 se había distinguido como un poeta sentimental y romántico. La Revolución Restauradora que colocó a Cipriano Castro en el Poder lo llevó a olvidarse de la poesía para esgrimir un género literario irónico y burlesco contra la situación política del momento caracterizada por los atropellos a la libertad, la corrupción administrativa y los excesos libidinosos del autócrata. Publicó “El Cabito” en 1909. Los Felicitadores en 1910, Cuatro años de mi Cartera y Panfleto Amarillo en 1911, Panfleto Azul en 1912, Panfleto Rojo en 1913 y Puñado de Guijarros en 1914. en tales Panfletos anuales Pio Gil no da cuartel, hunde el estoque de su pluma y lacera con vehemencia las vísceras no sólo de Cipriano Castro y de Juan Vicente Gómez, después, sino las de todos sus áulicos. Combate y agita contra el sistema, sus lacras y sus vicios. El tiempo no le alcanzará para seguir panfleteando a favor de la libertad, pues en 1908 cuando muere, Gómez estará en el apogeo de su mandato. Con Pio Gil y su principal enemigo político Cipriano Castro, se da la coincidencia de que en 1908 viajaron a Francia en el mismo barco y los restos de ambos fueron repatriados al Táchira por el Presidente Carlos Andrés Pérez.


jueves, 25 de julio de 2013

Fundación de San Cristóbal

Catedral de San CristobalCatedral de San Cristóbal

El 31 de marzo de 1561, Juan de Maldonado fundó la Villa de San Cristóbal, actual capital del Estado Táchira en la cordillera andina y en los límites Venezuela con Colombia.
            Como se coteja, esta antigua ciudad fronteriza de Venezuela fue fundada cuatro años después de sus vecinos Trujillo y Mérida y seis años antes de Caracas.
            El capitán hispano Juan Maldonado de Ordóñez y Villaquirán la fundo en los márgenes del río Torbes por comisión que le dio la Real Audiencia a pedimento de Juan Rincón.
            Rincón, quién era vecino de Pamplona, hizo la solicitud ante la audiencia alegando que la creación de una villa en ese lugar facilitaba la comunicación con Mérida y la gobernación de Venezuela.
            Se fundó pues, un lunes santo en sitio alto y montañoso, 825 metros sobre el nivel del mar y bajo un clima reconfortante.
            De aquella vieja ciudad colonial muy poco queda en nuestros días. Apenas algunas calles, casas y caminos. Y la Catedral donde se venera la imagen del Santo Cristo y la imagen de San Sebastián, patrono del pueblo que últimamente le ha dado nombre a unas ferias anuales muy vistosas y alegres.

            La topografía de esta ciudad de más de doscientos mil habitantes es un poco parecida a la de Ciudad Bolívar. Durante los últimos años ha alcanzado un acentuado desenvolvimiento urbano, económico e industrial. Por la hospitalidad de su gente  ha sido llamada “Ciudad de la Cordialidad”.

Creación del Bolívar

ABRIL / Fundación de “El Universal”


            El 1º de abril de 1909 fue fundado el diario “El Universal” de Caracas por el escritor y poeta Andrés Mata y Andrés J. Vigas.
“El Universal” como el "Nuevo Diario" seis años antes, nació de las cenizas de “El Constitucional”, un periódico dirigido por Gumersindo Rivas y que estuvo siempre al servicio del gobierno de Cipriano Castro.  El Nuevo Diario era el periódico oficial de Gómez.
            Fue precisamente en tiempos de Gómez cuando apareció “El Universal” como empresa privada.  Nació, por lo tanto, en una época difícil, caracterizada, como diría alguna vez Luis Barrios Cruz, por el silencio de los periodistas y el laudatorio casi de rodillas ante la figura del dictador.
Luis Teófilo Nuñez, quien fue guía y orientador del periódico dijo, al referirse a ese tiempo de la dictadura, que “El Universal” seguía una carta de navegación, de objetividad, de imparcialidad y de serenidad, y no cabe duda que ha sido esa generalmente su línea.  También es evidente que ha tenido una continuidad administrativa y un sentido conceptual que ha consolidado su prestigio de periódico serio.
            El escritor Humberto Cuenca, al escribir sobre la actualidad periodística venezolana después del 23 de enero de 1958, calificó a El Universal como un diario de perfil conservador, que cubre su mayor espacio con toda la información posible y refleja en sus crónicas y reseñas este aire de provincia que escapa a menudo al ensayo y a la crónica por su labor anecdótico y pintoresco.  Presentación a veces dura, deficiente distribución, pocos blancos y espaciados, pero agradable a la clase propietaria porque conserva algunos de los aspectos de la prensa inglesa.  Narración sobria, reprimidos de adjetivos, titulares nunca agresivos ni sensacionalistas y replegados a pocas columnas.
            El Universal de la década del 80 aparece con 128 páginas en cuatro cuerpos.  No editorializa, sino que ofrece dos páginas para que opinen las diferentes tendencias.  No se prodiga en fotos, es amplio en información local del interior y comercial.  Tiene un suplemento literario y una página cultural.


¡Sí Morales no capitula, monda!


            El 2 de abril de 1796 nació en Puertos de Altagracia la heroína zuliana Ana María Campos.
            La hija de Domingo Campos y Ana María Cubillán insuflada de fervor patriótico en los días ardorosos y difíciles de la guerra de la independencia, presta su casa para escondites y reuniones.  Era necesario en aquellos días de 1822 organizar la resistencia y ganar prosélitos contra el capitán Francisco Tomás Morales que había entrado triunfante y gobernaba en Maracaibo.  Morales persigue con ensañamiento a los patriotas y una expresión salida como latigazo de los labios de la rebelde muchacha, la identifica ante el gobernante realista que no pierde tiempo para la sanción y el escarmiento.
            ¡Sí Morales no capitula, monda! – Había exclamado la joven Ana María Campos utilizando un modismo típico de  la época de la colonia que significaba para el capitán realista algo terriblemente ofensivo e inaguantable.
            Ipsofacto mandó a prenderla y una vez presentada ante él ordenó que fuese flagelada con látigo públicamente, montada sobre un burro y paseada desnuda por las calles de la ciudad.
            Un negro africano que ostentaba el mismo apellido del Tirano Aguirre –Valentín Aguirre -, fue el encargado de descargar repetidas veces el látigo sobre la piel de nácar de la muchacha zuliana.
            ¡Si no capitula, monda! – gritaba Ana María y la risa asquerosa del chacal insatisfecho contaminaba el ambiente.
            ¡Si no capitula, monda!, - repetía al golpe de cada latigazo hasta que al final se apagó su resistencia.

            Un año más tarde, el 3 de agosto de 1823, quedó de manifiesto la capacidad preditiva de la bella y tierna heroína.  Morales tuvo que firmar la capitulación de rendición.

miércoles, 24 de julio de 2013

Boves entra en la historia


            El 3 de abril de 1812 el terrible y sanguinario jefe realista Joen Tomás Boves, sin proponérselo y siendo aún simple pulpero, hace su entrada a la Historia de Venezuela.  Bastó con que presenciara la derrota de los patriotas en San Carlos y lo chismeara por toda la población de Calabozo donde tenía su tienda.
            El marino austuriano que había llegado a Venezuela en 1808 fue denunciado y condenado a muerte pues su comportamiento perjudicaba los intereses de la revolución.  Más tarde, sin embargo, la pena capital le fue conmutada por una prisión nada soportable pues era duramente tratado por sus carceleros.  Trato que por supuesto llegó a su fin cuando el realista Eusebio Antoñanza tomó a Calabozo y ejecutó la libertad de todos los presos, entre ellos,  Boves, quien por ser asturiano y haber estudiado en la escuela naval de Gijón, fue alistado en el ejército de Monteverde.  Pronto, y en premio a su ferocidad militar, fue ascendido a capitán de Milicia.

            Boves, reseñado como un hombre de talla mediana, ojos azules, frente espaciosa y cabeza muy grande, conocía muy bien la sicología del llanero.  Sus viajes comerciales y el contacto diario y directo a través de su pulpería le reportaron inesperadas adhesiones cuando se puso las espuelas y empuñó la lanza.  Saqueo, destrucción y muerte constituían la única consigna que comprometía ferozmente a los llaneros en cada combate.  Era la Legión Infernal que avanzaba hacia la liquidación de la República, Boves entusiasmaba a sus intrépidos jinetes de lanza y torso desnudo prometiéndoles la tierra y demás bienes de los blancos porque según él solo los pardos tenían el derecho de vivir en aquel suelo.  Así fueron degollados 87 blancos en Calabozo; 800 en Valencia; 1000 en Cumaná y otros tantos en Caracas, San Joaquín y San Mateo.  Niños, adultos y ancianos, de cualquier sexo o condición, bien que estuvieran de rodillas en la iglesia o indiferentes y sumisos en sus casas fueron pasados sin misericordia por el filo de su navaja.  1814 ha sido llamado “el año negro de la República” pero también fue el año en que Boves sucumbió en Urica y el año en que el patriota José Antonio Páez heredó para mejor causa y con la promesa de  la justicia agraria, a sus llaneros aguerridos.

Nuestras minas de hierro


            El 4 de abril de 1947, un grupo de geólogos venezolanos y norteamericanos pusieron al descubierto los inmensos yacimientos de hierro de la serranía La Parida, a 80 kilómetros al Sur de Ciudad Bolívar, y bautizaron su cúspide de 70 metros de altura con el nombre de Cerro Bolívar.  La explotación de estos yacimientos años más tarde dio lugar al nacimiento de dos nuevas ciudades en Guayana:  Ciudad Piar construida al pie del Cerro Bolívar y Puerto Ordaz en la confluencia de los ríos Orinoco y Caroní.
            El hierro,  sin embargo, se conocía en Guayana y Venezuela desde los tiempos de la Colonia como lo demuestra una forja del siglo dieciocho descubierta en el fundo Mundo Nuevo, propiedad de los hermanos Sánchez Negrón, a pocos kilómetros de Ciudad Bolívar.
            Las primeras concesiones de hierro las otorgó el Gobierno de Venezuela en 1883 al sur del Territorio Delta Amacuro y cinco años más tarde se efectuaron las primeras exportaciones con destino a Baltimore desde las minas de Manoa.
            El interés por estas minas se perdió en 1914  y fue sólo después de la Segunda Guerra Mundial cuando la atención se volvió a volcar, ya no concretamente sobre las abandonadas minas de Manoa sino sobre otros puntos donde los afloramientos del importante mineral eran más manifiestos.  Simón Piñero, comisionado de Eduardo Boccardo, descubrió las minas del sector de El Pao que después fueron explotadas por la Iron Mines.  Los doctores Guillermo Zuloaga, E. Burchard y Manuel Tello, entre otros, estudiaron y dieron cuenta de la formación Imataca y el geólogo Mack C. Lake, a la cabeza de un grupo de ingenieros  y geólogos de la Oliver Iron Mining Company, descubrió los yacimientos del Cerro La Parida y más tarde los de la Grulla y Piacoa al Este del Río Caroní.

            Las concesiones de la Oliver pasaron en 1949 a la Orinoco Mining Company que inició en Venezuela la exploración del hierro en gran escala y la mantuvo hasta 1975 cuando fue nacionalizada y entregada a Ferrominera, empresa del estado venezolano.

Tratado de límites con Colombia

            El 5 de abril de 1941, el Gobierno de Venezuela firmó con el de Colombia un nuevo Tratado de Límites y Libre Navegación, previa autorización de los Congresos de ambos países.  La demarcación de fronteras representó para nuestro país la pérdida de 108.350 kilómetros de su territorio.
            Este Tratado de 1941 hacía prever que no se presentarían nuevos conflictos en materia de límites; sin embargo vemos cómo en la actualidad nuestro país discute con Colombia un diferendo por algo que tiene que ver con la plataforma submarina.
            Los problemas de los dos países hermanos por cuestiones de fronteras existen desde la disolución de la Gran Colombia y empiezan con el primer intento de tratado de límites en 1833, el llamado Pombo – Michelena, en el que se le reconocía a Venezuela poco menos del 50 por ciento de territorio de la actual Comisaría de Arauca y de Guainia, pero fue rechazado por Venezuela.
            Sin embargo,  el problema de límites fue llevado a arbitraje en 1881.  Se puso en manos del Rey de España Alfonso XII.  Este murió y su esposa, la reina María Cristina, pronunció en 1891 su  laudo arbitral, reconociendo como colombianos  los territorios que  por  el tratado Pombo – Michelena hubiera pasado a Venezuela.
            En 1917 se acordó un nuevo arbitraje para que la ejecución del laudo español  se hiciera por parte, pero Venezuela lo rechazó porque consideraba debía hacerse en forma integral.  Transcurrieron 24 años para que ambos países pudieran ponerse de acuerdo y fue así como en 1941 se firmó la demarcación de fronteras y navegación de los ríos comunes.

            Ahora queda pendiente y en el tapete de la discusión internacional el diferendo referente a la plataforma submarina que, de acuerdo con la tesis colombiana, reduciría la propiedad que Venezuela tiene sobre el Golfo de Maracaibo.  Venezuela no admite el criterio colombiano de la línea media y sostiene que el Golfo debe dividirse, en todo caso, prolongando imaginariamente sobre el mar la dirección que lleva la línea de frontera entre Castillete y el cuello de Teta Guajira.  Venezuela, además, reclama mar territorial y plataforma continental para las inhóspitas islas Los Monjes.

Deuda de la Emancipación

         
   El 6 de abril de 1833 el Congreso de Venezuela autorizó al Presidente José Antonio Páez para que promoviese ante  la Nueva Granada y Ecuador las estipulaciones a fin de liquidar la deuda general contraída por la Gran Colombia para costear los gastos militares de la emancipación.
            Santos Michelena,  Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Bogotá, fue comisionado para celebrar el tratado entre las dos Repúblicas.  Pero esto no se concretó sino en 1839, segunda Presidencia de Páez.  A Venezuela le tocó pagar la cantidad de 7.217.915 pesos.  La deuda mayor era con Inglaterra que prestaba libras a condición de que la Venezuela independiente le asegurara en el porvenir estrechos vínculos económicos.
            Pero Inglaterra cobraba intereses muy altos por sus préstamos y luego de la Independencia pasó factura por las expediciones de Mac Gregor, Elsen, English y los préstamos hechos a Zea y López Méndez, durante sus misiones diplomáticas así como por los daños que la guerra había causado a sus súbditos.

            La deuda externa de Venezuela, luego que fue determinada por el Gobierno de Colombia, no disminuyó sino que aumentó debido a las luchas internas y a lo depauperado de la economía.  En tiempos de Guzmán Blanco continuó incrementándose y más aún cuando Cipriano Castro, por lo que países como Alemania, Italia, Holanda, Francia e Inglaterra llegaron al extremo de agredir militarmente al país.  La intervención amistosa de la Cancillería de Washington logró zanjar el problema y todo por 16 y medio millones de bolívares (Venezuela en 1979 adeudaba más de cien millones y en el 2000, 3 mil millones de dólares).  Lo que quiere decir que los tiempos como las relaciones y las circunstancias cambian, a veces de manera sorprendente.  Pero lo más importante y triste a la vez es que Venezuela se endeudó para emanciparse o, por lo menos, para evolucionar en el siglo diecinueve de una formación política y económica colonial a otra menos vergonzosa, pero que a la postre ha resultado muy comprometida.