viernes, 10 de mayo de 2013

Muerte Bolívar en Santa Marta



Traslado de los restos de Bolívar de Santa Marta a  Caracas, Venezuela      

       El 17 de diciembre de 1830, pasada la una de la tarde, falleció en Santa Marta, Quinta de San Pedro Alejandrino, el Libertador Simón Bolívar.

            Murió a la edad de 47 años, 4 meses y 23 días, justo cuando se desmoronaba su gran obra:  Colombia, ya dividida en tres pedazos.
            El primero de marzo de ese año había renunciado a la Presidencia de Colombia y entregado el mando al general Domingo Caicedo.  Quería Bolívar entonces viajar al exterior, pero le fue imposible por falta de recursos y sobre todo por su enfermedad que se acentuaba bajo el peso moral que para él significaban la disolución de la Gran Colombia, el asesinato de Sucre, la pobreza y el abandono de sus amigos. 
            Bolívar no pudo permanecer en Bogotá y se vio obligado a residenciarse en Cartagena, luego pasó a Barranquilla y de aquí, por mar, a Santa Marta, en camilla, sin esperanza de curarse.  En una casa pequeña, blanca y desnuda, cerca de la playa y después en la hacienda de San Pedro Alejandrino, propiedad del buen español Joaquín de Mier, terminaron sus días.
            Su último mensaje escrito una semana antes de su muerte, dirigido a los colombianos, decía:  “¡Colombianos! Habéis presenciado mis esfuerzos para plantar la libertad donde antes reinaba la tiranía.  He trabajado con desinterés, abandonado mi fortuna y aun mi tranquilidad.  Me separé del mando cuando  me persuadí que desconfiabais de mi desprendimiento.  Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que es más sagrado:  mi reputación y mi amor a la libertad.  He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puestas del sepulcro.  Yo los perdono.
            “Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer manifestación de mis últimos deseos.  No aspiro a otra gloria que a la  consolidación de Colombia.  Todos debéis trabajar por el bien inestable de la unión:  los pueblos obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando la espada en defender las garantías sociales.
            “¡Colombianos! Mis últimos votos son por la fidelidad de la patria.  Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.
El cuerpo de Bolívar, luego de expirar, fue trasladado de la hacienda de San Pedro a la primera casa que habitó en Santa Marta.  Allí el doctor Reverend le practicó la autopsia y embalsamó.  A las ocho de la  noche fue trasladado a la ciudad y expuesto en capilla ardiente hasta tres días después en la casa de  la Aduana.  El general Mariano  Montilla, comandante del Magdalena, se había dirigido antes a la guarnición:  “Es mediodía y Colombia acaba de perder para siempre a su Libertador y Padre.  ¡Soldados! Un eterno adiós, nos ha dicho el Libertador nuestro General.  El cadáver del Libertador fue sepultado el 20 de diciembre, a las cinco de la tarde, en la Catedral de Santa Marta con todos los honores a su jerarquía.

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