miércoles, 14 de agosto de 2013

J. A. Pérez Bonalde

            El 30 de enero de 1846, nació en Caracas Juan Antonio Pérez Bonalde, poeta romántico de dimensión continental que terminó barriendo con los restos del clasisismo para erigirse en precursor del modernismo.
            Su gran poema, “Vuelta a La Patria”, a decir de Edgar Sanabria, ae ha constituido en  “imperecedera joya de antología, conmovedora, de un hondo y acendrado lirismo”.  Pero también escribió “Flor”, elegía a su hija, y “El Poema de Niágara”, himno grandioso a la telúrica fuerza de la naturaleza que lo deslumbra y sobrecoge.
            Dos libros se conocen de él: “Estrofas”, publicado en 1877 y “Ritmos” en 1880.  Pero así como fue un poeta original, creador excelente, lo fue también como traductor del mismo género.  Su dominio, además del idioma propio, del francés, el inglés, el italiano, portugués y sueco, le permitió traducir a poetas como Heine, Poe, Uhlnad, Lenau, Junqueiro, Herder, D’Abreu, Shakespeare y Paúl de Saint Víctor.  Sus traducciones más completas y geniales fueron sin duda “El Cancionero” de Heine y “El Cuervo” de Edgar Alan Poe.
            Pérez Bonalde fue un viajero impenitente, un desterrado.  Muy joven debió marchar a Puerto Rico con familiares, en su primer exilio cuando la llamada Guerra Federal o de los cinco años.  Retornaría luego y Guzmán Blanco lo aventará de nuevo al ostracismo,  a Norteamérica, de donde vendrá siete años más tarde para producir el canto filial más hermoso que recuerdan siempre todos los venezolanos:  “Vuelta a la Patria”.  Con el regreso de Guzmán Blanco al poder tendrá un tercer exilio.  Volverá a Venezuela en 1890 para nunca más tener que dejar la patria, pues muere en Macuto, a la orilla del mar, a la edad de 46 años.
            En su libro “Balance de Letras”, José Ramón Medina exalta la obra de este atormentado poeta caraqueño y concluye en que fue “un romántico por la fuerza impositiva de la realidad histórica, pero al mismo tiempo, impulsado por las secretas claridades de su genio, se adelanta y anuncia, solitario e incomprendido, el reino de una nueva expresión... intuye y lleva a planos de su manifestación lírica, elementos y valores que años más tarde van a entrar en la corriente verbal y en el poblado mundo de la imaginación del Modernismo.”   

 

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