jueves, 15 de agosto de 2013

Sir Robert Wilson

          
   El 27 de enero de 1824, el Libertador escribe al general Sir Robert Wilson, defensor en el parlamento británico de la causa de la independencia, para manifestarle sus sentimientos por la presencia de su hijo en el ejército revolucionario.
            Mucho antes, el 14 de octubre de 1821, el Congreso de Colombia, reunido en Villa del Rosario de Cúcuta, ya había tenido palabras de congratulación para quién entonces (Wilson) era distinguido miembro de la Cámara de los Comunes del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda.  Congratulaciones por el esfuerzo con que promovía y abogaba en el Parlamento Británico la causa de la Independencia.
            Bolívar ahora le escribía desde Pativilca porque recibido de él a su hijo para incorporarlo a nuestro ejército en la lucha por la independencia, gesto más noble, hermoso y generoso.  Venía el hijo de Sir Robert Wilson como habían venido desde el mismo país O’Leary, D’Evereux, Robertson, Rooke, Brown, Farriar, Mac Gregor y tantos otros.
            Bolívar guardaba de aquel Wilson dos obras muy importantes que pertenecieron a la biblioteca de Napoleón:  “El Contrato Social” de Rousseau y “El Arte Militar”, de Montecuccoli que días antes de su muerte donaría a la Universidad de Caracas.  Ahora  le llegaba con una carta el hijo Wilson como para reafirmar aquel sentimiento de solidaridad por la causa de los americanos.

            “He tenido la satisfacción – escribe Bolívar a Sir Robert Wilson – de recibir la honrosa carta con que Ud. se ha servido favorecerme, el enviarme una parte de su corazón en su digno, tierno y amable hijo.  Yo aprecio con reconocimiento este rasgo del carácter elevado que ha hecho la gloria de su nombre.  Ud. partió su alma y su amor a la libertad, cuando a la vez dirige contra la tiranía española en América al gaje adorado de su ternura, y Ud. con su espada parte a proteger a la España justa que defiende sus derechos.  Nada incontestablemente marca de un modo tan notable ese temple de sentimientos magnánimos, como esta acción singular.  Si la historia graba bien la grandeza de los hechos humanos, no habrá muchas bellezas que excedan a ésta.  Así cualquiera que sea el éxito que el joven Wilson tenga en su lucha, y cualquiera que pueda ser el laurel o el ciprés que corona a la España, el padre y el hijo ya tienen asegurado su triunfo en el campo de la libertad, en la balanza de la justicia.

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