sábado, 17 de agosto de 2013

Rebelión de Esclavos en Guayana

05.10 loayza-chirino
            El 21 de enero de 1832 mandaba en Guayana Pedro Volastero.  Estaba Venezuela recién separada de la Gran Colombia y, por lo tanto, era el General José Antonio Páez Presidente de los venezolanos.
            Para esa fecha del 21, el Gobernador Volastero escribe a Páez dándole cuenta de la deplorable situación de la provincia de Guayana, empobrecida como consecuencia de la guerra emancipadora.  También le informa sobre el malestar político interno y sobre la forma como tuvo que reaccionar su autoridad para sofocar un movimiento encabezado por los tenientes Pedro Vicente Aguado, Jorge Gutiérrez, José Tirado y otros.
            De este hecho, en los albores de la cuarta República, da cuenta Bartolomé Tavera Acosta en sus “Anales de Guayana” y refiere igualmente que un mes más tarde fueron los esclavos los que se alzaron contra las autoridades locales pidiendo su libertad conforme a la proclama del Libertador en 1816 y la Ley de Abolición de la Esclavitud dictada por el Congreso de Angostura.
            La Rebelión de los negros en Guayana, durante el gobierno de Pedro Volastero reclamando su legítimo derecho a la libertad, ocurrió en la noche del 23 al 24 de febrero, pero fracasó, y los cabecillas, Eusebio Contasti, esclavo de la familia Contasti; Francisco y Bruno Basanta, Felipe y José del Carmen Ferrán, esclavos de la familia Ferrán y Ezequiél Burméister, fueron fusilados al mediodía del 7 de mayo de 1832 en la plaza pública del mercado que antes se nombraba “Castillito” y en la actualidad Mirador  Angostura.  El resto de los esclavos, calculado en un centenar, fue enviado a los presidios de Puerto Cabello y La Guaira.  Una nota de la época, escrita por Camilo Gorrochótegui, describe los hechos así:  “El escandaloso acontecimiento que tuvo lugar en esta ciudad en la madrugada del 24 de febrero tiene todavía llenos de pavor a todos los habitantes de la capital y a cuantas personas lo han sabido al considerar que las instituciones, el Gobierno y toda la raza blanca se salvaron de su destrucción por un milagro que no se repite con frecuencia.  El Gobernador Volastero, al igual que el Comandante de Armas de Guayana, renunciaron a raíz de esta sonada rebelión de negros esclavos que reclamaban sus derechos”.



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