miércoles, 10 de julio de 2013

Antonio Ricaurte

            El primero de junio de 1813, Bolívar, en una rápida campaña, autorizado por el Congreso neogranadino, entró en Mérida, acompañado de un grupo de oficiales de primera, entre el que destacaba por su valor y heroísmo, Antonio Ricaurte, capitán nacido el 10 de julio de 1786  en la Villa de Leiva  y a quién la patria recuerda con emoción por su sacrificio en el ingenio de San Mateo.
            Por el amor de la bella joven María Clemencia, Juan Esteban Ricaurte estuvo tras las rejas de un calabozo porque el marqués de San Jorge, don Lozano de Peralta, padre de María, se oponía a esos amores, pero como en las novelas, al fin pudo más el amor y ambos, María y Juan, terminaron casándose después de vivir como amantes para que viniese al mundo Antonio Ricaurte.
Ricaurte nació  tres años después de haber nacido en Caracas Simón Bolívar, al lado de quien lucharía  por la libertad de Venezuela después de haber cumplido un papel importante en la lucha revolucionaria  de Bogotá desde el 20 de julio de 1810.  Por su actuación decidida sus compañeros lo apodaban “El Chispero”.

            Estudió y se hizo soldado sin saber, o acaso lo presentía, que su final estaría más allá del aura trágica que parecía envolver su vida.  Morir por morir no era lo importante a pesar de todo, sino morir por algo grande después de los maltratos de la vida.  Un día en San Mateo le llegó su hora, la de pasar a la gloria con un acto de heroísmo en el que  sacrificaba la propia vida.  Era el 25 de marzo de 1814 cuando Monteverde, Morales y Boves acorralaban a los patriotas.  Bolívar desesperado trataba inútilmente con los restos de su ejército de salvar la República.  Había que dar otra batalla, esta vez, en San Mateo, y la libraron frente a Boves, no fue inútil el esfuerzo porque Ricaurte hizo algo que parecía imposible.  Antes de que Boves tomara el ingenio donde estaban depositados los pertrechos, desalojó a refugiados y heridos y le prendió fuego a la pólvora contenida en los barriles.  Su cuerpo,  como el ingenio, voló en mil pedazos.  Boves fue derrotado y se salvó el ejército patriota.  No sabemos lo que pensó y dijo Bolívar, pero ha debido llorarlo como lloró a Girardot seis meses antes en las alturas de Bárbula.

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