martes, 16 de julio de 2013

Sublevación de los negros

El 12 de mayo de 1795, después de dos días de lucha, fracasa la sublevación de los negros y mestizos de Coro que a la cabeza de José Leonardo Chirinos proclamaban su derecho a ser libres y pedían la supresión de las cargas impositivas que hacía más miserable la vida de los desposeídos.
La conspiración contra los blancos y mantuanos coreanos se incubó en la hacienda El Socorro cuando el rígido recaudador de los Reales Derechos, un señor llamado Juan Manuel Iturbe, pretendía que se le pagara el tributo de los indios caídos en desuso y se empecinaba no sólo en la cancelación retroactiva en dinero sino que abrumaba también a los pardos y a los negros con la carga de la “alcabala”.
Los actos de violencia de negros y mestizos duraron tres días con su terrible secuela de terratenientes muertos, caudales saqueados, incendios, pillaje, desolación y ruina.  Los blancos que constituían la minoría de la población se organizaron en torno a las autoridades y pudieron hacer frente con éxito a  los sublevados.  Desde Caracas fueron enviados refuerzos y muy pocos fueron los que pudieron escapar, entre ellos el líder José Leonardo Chirinos, zambo libre, hijo de esclavo e india, colono y arrendatario que trabajaba a la par en la hacienda de los amos de su padre y en la de José Tellería, dueño de su esposa y de sus hijos.
Chirinos duró tres meses en fuga y al final puesto al descubierto por una infidencia.  Inmediatamente, bajo fuerte custodia, fue llevado a la Real Audiencia en Caracas y el 10 de diciembre de ese año condenado a muerte.  Decía la sentencia que “su cabeza sea puesta en una jaula de fierro sobre un palo de veinte pies de largo en el camino que sale de esta misma ciudad de Coro y para los Valles de Aragua, y las manos remitidas a esa misma ciudad de Coro para que una de ellas se clave en un palo de la propia altura, y se fije en la inmediación de la Aduana llamada de Caujaro, camino de Curimagua, y la otra en los propios términos en la altura de la sierra donde fue muero D. José Tellería”.  La mujer de Chirinos fue condenada a ser vendida fuera de la providencia de Coro y separadamente de la madre”.  Con la muerte de este adalid de los negros esclavos feneció también la primera y más natural y espontánea tentativa de independencia venezolana, pero la voz de la sangre derramada encontraría eco más tarde en Picornell, en Gual y España, en Miranda, en fin en tantos otros que abruman de emoción y se agolpan en la memoria.




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