viernes, 19 de julio de 2013

Día del Idioma


            El 23 de abril de 1616 recuerda la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, gloria altísima de la literatura universal, autor de la obra cumbre de la imaginación y del arte narrativo español:  El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha.
            Hoy, en consecuencia, es Día del Idioma.  También Día del Libro, porque Cervantes significó todo eso que nos envuelve, que  nos comunica, nos integra y nos abre mil caminos de luz.
            Nació en Alcalá de Henares en 1547 y murió a la edad de 69 años en Madrid después de una vida sumamente intensa, estimulada por la imaginación, la literatura, la guerra, el cautiverio y la aventura.  Su propia existencia fue una novela abrumadoramente increíble.
            Cervantes al comienzo fue un personaje semieclesiástico, pero luego le dio de irse por las armas y recorrer Italia con un arcabuz en el hombro y una espada en el cinto.  Siendo soldado participó en la célebre batalla de Lepanto, donde le mutilaron un brazo durante una acción de heroísmo.  Cautivo entre corsarios argelinos, intentó fugarse tres veces y terminó liberado por el rescate de 500 ducados pagados por sus hermanos.  Ese cautiverio lo llevó a escribir su primera obra “Los tratos de Argel y la gran turquesa”.

            Pobre y sin poder subsistir con lo poco que producían sus numerosas comedias, hizo desesperados intentos de venir a la América con algún cargo aunque fuese como el de contador de la Nueva Granada, pero terminó con uno de poca monta en la Armada del propio Madrid.  Se hizo, luego recaudador en cuyo ejercicio confundió dineros propios con los del cargo yendo a parar varias veces a la cárcel.  De aquí entre la muchedumbre de bandoleros, cacos, asesinos, truhanes y pillos salieron los primeros balbuceos de un excelso Don Quijote que en calidad de primicia fueron leídos a los pobladores de la cárcel.  El 26 de septiembre de 1604 Felipe III autorizó la impresión de esta obra que en manuscritos y copias ya venía circulando y envolviendo a toda España.  La portentosa imaginación de Cervantes echaba andar por el mundo a “dos locos conmovedores y entrañables, un señor cenceño y un criado llano y refranero, que sacaban al camino el alma de un pueblo o, más todavía, el alma de la gente”.

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