sábado, 27 de julio de 2013

El tirano Aguirre

            El 23 de marzo de 1561 Lope de Aguirre, alienado personaje que atemorizó a Venezuela, desconoció al Monarca Felipe Segundo de España y pretendió separar al Perú de la corona, seguido por los soldados marañones.
            Nacido en la Villa de Oñate, en 1518, este personaje llegó al nuevo mundo en la expedición de Diego Durán y permaneció dos años en las Islas del Caribe, al cabo de los cuales marchó al Perú donde tomó parte de las luchas civiles hasta el punto de renegar del nombre de su patria España.
            “Reniego de mi nombre de español – decía – y me halago con llamarme marañón o peruano, y todo, para mejor descartarme de la servidumbre del rey”.
            Incorporado a la misión que en 1560 y al mando de Pedro Ursúa, despachó el Virrey del Perú para conquistar el reino de los omaguas, entre los ríos Amazonas y el Orinoco, donde se decía estaba el famoso Dorado, se alzó con dieciocho hombres de los 400 que integraban la expedición y luego de dar muerte al comandante Pedro de Ursúa a su lugarteniente, se proclamó jefe de la expedición.
            Siguió a la deriva los cursos del Amazona, Río Negro, el Brazo Casiquiare y el Orinoco, ya a caballo, a pie por entre la enmarañada selva, navegando en frágiles curiaras indias, trepando cumbres, caminando sabanas, pantanos, andando al azar y en un abierto desafío a la resistencia humana, llegó hasta el Atlántico y luego a la Isla de Margarita donde cometió actos sanguinarios que empavorizaron a la población. Antes de saltar a tierra el Tirano Aguirre, a quien se pintaba como hombre delgado, pequeño, mal encarado y parlanchín, hizo dar garrote a dos de sus compañeros, Diego de Alcara y Gonzalo Piral de Fuentes. Luego mató a palos al Gobernador Juan Gómez de Villandrando, a su maestre de campo, y al Capitán Turriaga.

            Saqueó los caudales de la ciudad, se robó la cosecha de perlas y cometió otras crueldades antes de abandonar la Isla para dirigirse a Costa Firma. Embistió sobre Borburata y Valencia, pero habían quedado desiertas porque sus habitantes huyeron espantados. Cuando trató de entrar a Barquisimeto, Aguirre contaba con sólo 150 soldados que desertaron al ver que no podían enfrentarse a las tropas bien armadas del Gobernador Pablo Collado. Entonces, abandonado y solo, desistió de su empresa de terror y saqueo. Terminó apuñalando a su hija, muriendo de dos arcabuzazos que le disparó un soldado llamado Custodio Hernández.

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