miércoles, 17 de julio de 2013

Páez muere en el exilio


El 6 de mayo de 1873 murió en Nueva York el General José Antonio Páez, el llanero que deslumbró con sus gloriosas hazañas durante la guerra de independencia, que separó a Venezuela de la Gran Colombia y dirigió sus destinos con aciertos y altibajos hasta el triunfo de la Federación en 1863.
Después de la Federación, la guerra civil más sangrienta y prolongada que ha tenido el país, el General Páez vivió y murió en el destierro.
Cuando murió le faltaban 38 días para cumplir 83 años.  Había vivido bastante.  Acaso superado el promedio de vida de aquella época y también la de nuestros tiempos.  Páez era sin duda un hombre fuerte en todos los aspectos.  De no haber sido así lo habría tragado el volcán de la guerra.
En cuántas batallas pequeñas y grandes se vio envuelto el llanero.  De él se ha dicho que era más terrible y temible con pocos que con muchos jinetes, pues era Páez soldado de caballo y  lanza.  Nada lo detenía, con aquella sagacidad de león encaramado todo era vulnerable al paso de sus llaneros.  Llaneros descamisados y con los pies descalzos que al sólo grito de “¡Vencemos!” arremetían impetuosos contra el enemigo.
Los hitos de su gloria son innumerables, desde Mata de la Miel y Mucurita hasta la Batalla de Carabobo.  Después vendrá una segunda fase de su vida de guerrero y político que comienza con la separación de Venezuela de la Gran Colombia, impulsada desde la municipalidad de Valencia por el famoso movimiento La Cosiata, 1826, y que termina cuando José Tadeo Monagas, a quién había llevado a la Presidencia, “fusila” al Congreso y Páez se alza y va a parar a las mazmorras de San Antonio de Cumaná para de allí partir al exilio y luego volver cuando los conservadores se veían aplastados por los exitosos movimientos de la Guerra Federal.  Falcón y Guzmán Blanco, grandes caudillos de la revolución, lo abortan del país y ya no volverá sino hechos  cenizas sus huesos en los tiempos del general Hermógenes López, quién completó el tercer gobierno de Guzmán Blanco, ya caídas sus estatuas y envuelto en el desprestigio.



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