miércoles, 24 de julio de 2013

Deuda de la Emancipación

         
   El 6 de abril de 1833 el Congreso de Venezuela autorizó al Presidente José Antonio Páez para que promoviese ante  la Nueva Granada y Ecuador las estipulaciones a fin de liquidar la deuda general contraída por la Gran Colombia para costear los gastos militares de la emancipación.
            Santos Michelena,  Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Bogotá, fue comisionado para celebrar el tratado entre las dos Repúblicas.  Pero esto no se concretó sino en 1839, segunda Presidencia de Páez.  A Venezuela le tocó pagar la cantidad de 7.217.915 pesos.  La deuda mayor era con Inglaterra que prestaba libras a condición de que la Venezuela independiente le asegurara en el porvenir estrechos vínculos económicos.
            Pero Inglaterra cobraba intereses muy altos por sus préstamos y luego de la Independencia pasó factura por las expediciones de Mac Gregor, Elsen, English y los préstamos hechos a Zea y López Méndez, durante sus misiones diplomáticas así como por los daños que la guerra había causado a sus súbditos.

            La deuda externa de Venezuela, luego que fue determinada por el Gobierno de Colombia, no disminuyó sino que aumentó debido a las luchas internas y a lo depauperado de la economía.  En tiempos de Guzmán Blanco continuó incrementándose y más aún cuando Cipriano Castro, por lo que países como Alemania, Italia, Holanda, Francia e Inglaterra llegaron al extremo de agredir militarmente al país.  La intervención amistosa de la Cancillería de Washington logró zanjar el problema y todo por 16 y medio millones de bolívares (Venezuela en 1979 adeudaba más de cien millones y en el 2000, 3 mil millones de dólares).  Lo que quiere decir que los tiempos como las relaciones y las circunstancias cambian, a veces de manera sorprendente.  Pero lo más importante y triste a la vez es que Venezuela se endeudó para emanciparse o, por lo menos, para evolucionar en el siglo diecinueve de una formación política y económica colonial a otra menos vergonzosa, pero que a la postre ha resultado muy comprometida. 

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