viernes, 26 de julio de 2013

Natalicio de Miranda

 El 28 de marzo de 1750 nació en Caracas, Sebastián Francisco de Miranda, inmortalizado con el título de precursor y apóstol de la independencia venezolana.
            Era hijo mayor de don Sebastián de Miranda y Ravelo, oriundo de las islas Canarias y de doña Francisca Antonia Rodríguez Espinoza, caraqueña. Fue bautizado a los ocho días y confirmado más tarde por el Obispo Manuel Machado y Luna.
            Su vida que transcurría en la abundancia y tranquilidad de la colonia se vio perturbada por asuntos de linaje, pero su viaje a España en 1771 le devolvió la serenidad espiritual. Soñaba con ganar laureles para retornar y humillar a los criollos y blancos  arrogantes de su patria. Muy pronto ascendió a Capitán del Ejercitó Real, viajó a Estados Unidos y combatió por la independencia de aquél país. Antes lo había hecho en las islas Bahamas. Estando en Cuba fue obligado a abandonarla por haber fundado una sociedad comercial que negociaba con los ingleses. Entonces volvió a Europa y penetró hasta la Corte de Catalina de Rusia, quien le brindó amistad y estímulo para su lucha a favor de la independencia hispanoamericana. En 1770 se alistó al lado de los revolucionarios franceses y rápidamente ganó el grado de mariscal de campo y su figuración en el Arco de Triunfo de París.

            De Francia pasó a Inglaterra donde se residenció para planear la lucha por la Independencia de Venezuela. Fundó la Gran Logia Americana que aglutinó secretamente a los partidarios de la liberación de las colonias españolas. Volvió luego a los Estados Unidos y desde allí preparó su expedición a Venezuela. Después de su fracaso expedicionario, las luchas napoleónicas abren un nuevo camino. Miranda y Bolívar se ponen al frente de la fervorosa iniciativa del 19 de abril de 1810 y emprenden una campaña contra Domingo Monteverde. Se le confiere entonces el título de Dictador y Generalísimo.  Por dos veces bate al realista, pero la traición de Vinoni cuando se disponía al golpe final hacen fracasar a la Primera República. Miranda firmó la capitulación, pero más tarde fue acusado de traidor. Sus propios compatriotas revolucionarios, entre ellos Bolívar, lo entregaron a Monteverde. Aquí comenzó el ocaso de  Miranda. De prisión en prisión llegó a acabar con sus huesos en las bóvedas de la torres gaditanas, para nunca más saberse de ellos.

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