martes, 11 de junio de 2013

Armando Reverón

Armando Reverón en El Castillete.png

El 18 de septiembre de 1954, a las 6:45 de la tarde, murió Armando Reverón, el genio que hizo lo que parecía hasta entonces imposible:  plasmar la luz en un lienzo con propios y originales recursos que asombraron  al mundo de la plástica.
            Murió de una embolia cerebral, a los 65 años de edad, en el Sanatorio San Jorge de Caracas.  Atrás quedaba su choza de piedras con vista al mar azul de Salmerón Acosta, sus modelos inconfundibles de trapo, su mono saltarín, su coleto y sus pinceles, su inseparable Juanita de manos doradas aparecida como lucero entre las sombras carnavalescas de una noche y lo más grande:  su obra pictórica de inconfundibles rasgos y luminosidad que un año antes de su muerte exhibió en retrospectiva el Museo de Bellas Artes.
El pintor había nacido en Caracas, en la parroquia Santa Rosalía, el 10 de mayo de 1889.  Era hijo de Dolores Travieso y Julio Reverón.  Su infancia transcurrió en Valencia.  En 1908 su madre lo llevó a Caracas de vuelta para continuar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona.  En 1912 regresó a Venezuela.  Luego volvió a España y se inscribió en la Academia San Fernando de Madrid.  Regresó definitivamente a Venezuela después de un breve viaje a París, e ingresó al Circulo de Bellas Artes.  En 1916 llegaron a Venezuela los pintores Samy Mutzner (rumano) y el ruso Nicolás Ferdinandov, quienes tuvieron influencia en él, al igual que Emilio Boggio, venido de París en 1919.  En 1917 fijó residencia en La Guaira y un año después conoció a Juanita Ríos, modelo y mujer para el resto de su vida.  Allí en La Guaira y luego en Macuto frente al mar, construyó su taller y sus modelos de trapo.
            Era Armando Reverón un hombre alto, impresionante, casi siempre semidesnudo y con luengas barbas de apóstol.  Tuvo dos grandes obsesiones en su vida:  la luz del trópico que plasmó con maravillosas tonalidades en sus lienzos,  y Juanita.  Juanita Ríos, su modelo y compañera inseparable, con quién convivió durante 34 años y de quién no tuvo hijos porque como lo decía la propia Juanita – era un hombre casto y “hasta más puro que José Gregorio Hernández” – Además de la pintura que era centro de su existencia, Reverón leyó y releyó dos libros:  las Sagradas Escrituras y Don Quijote de la Mancha.  Los cuadros de Reverón, premiados nacional e internacionalmente,  han sido expuestos en París, Nueva York, Madrid, Caracas, Bogotá, Barcelona y Santiago de Chile.



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