miércoles, 26 de junio de 2013

Muerte de Miranda

            El 14 de julio de 1816, aniversario de la Revolución Francesa, con la cual tuvo  que ver en su agitada y aventurada vida, murió Francisco de Miranda.
            Ese día, en el presidio de las Cuatro Torres de la Carraca, a la una y cinco de la madrugada, el cuerpo del prócer de la independencia americana, quedó como llama extinguida por el soplo de la muerte.  Murió a la edad de 60 años, aquejado por enfermedades propias del medio y después de haber luchado contra la adversidad aliada de los muros que lo vencieron a la sombra tortuosa del calabozo y el grillo.
            Fue Miranda un venezolano nacido en Caracas, que le prestó invalorables servicios a la Revolución Francesa y que alentado por los principios de aquella rebelión contra la Bastilla, símbolo de la tiranía real, juró como también lo hiciera Bolívar en el Monte Sacro, libertar a su patria del dominio español.
            Varias expediciones libertarias se estrellaron contra la adversidad hasta que el 19 de Abril de 1810 el pueblo de Caracas aprovechó la coyuntura de la invasión napoleónica a España para plantear su libertad.  El suceso cívico del Cabildo caraqueño que acaba con la autoridad del Rey, tuvo su justa clarificación en el Congreso del 5 de julio de 1811.  Allí estaba y de allí salió Francisco de Miranda como jefe del ejército patriota en organización, para combatir a los realistas  que resistían a favor de  los dominios del Rey.  Mas, no todo salió como quería, pues desde Coro, por donde alguna vez pretendió invadir el Precursor, reaccionó impetuoso Domingo  Monteverde.  La traición de Vinoni y el terremoto de Caracas se confabularon contra los ideales republicanos obligando a Miranda a una capitulación que le costó el destierro, la cárcel y la muerte.  De prisión en prisión llegó a acabar con sus huesos en las bóvedas de las torres gaditanas, de donde lo sacó en su lienzo perdurable el gran pintor Tito Salas.


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