sábado, 29 de junio de 2013

Cecilio Acosta


            El 8 de julio de 1881 falleció en Caracas a la edad de 63 años el escritor, orador, jurista, pedagogo, polemista y poeta Cecilio Acosta.
            El actor de “Reflexiones sobre la Historia”, “Los Partidos Políticos”, “Cosas Sabidas y por Saberse” y “Casitas Blancas” se tiene en Venezuela como el primer gran pensador moderno del siglo diecinueve.
            Salcedo Bastardo lo describe como un hombre tolerante, pero insobornable, a quien le tocó batallar contra el despotismo y abogar por la modernización del país, así como por una política de amplitud para los inmigrantes.
            Cecilio Acosta, nativo de San Diego de los Altos, estudió en el Seminario de Caracas, influenciado por el presbítero Mariano Fernández Fortique, quien pensaba hacerlo sacerdote, pero en 1840, siendo bachiller en filosofía, decide abandonar la carrera sacerdotal y se inscribe en la Universidad de Caracas donde se recibe de Abogado.  Llega a ser secretario de la Facultad de Humanidades de la Universidad y escribe en los periódicos de su época, unas veces con su nombre y otras con seudónimos.  Hizo oposición al Gobierno de Guzmán Blanco en “La Tribuna Liberal” y le negó su calidad de fundador y representante del Partido Liberal.  Lo hizo a pesar de haber colaborado con su gobierno en la codificación de las leyes.  De Guzmán Blanco decía en uno de sus artículos polémicos que le valieron su relegación y sepultura en vida:  “Es preciso traer para residenciar aquí al Viejo Impenitente, al llamado por sí prócer del 46, al enemigo de Bolívar porque lo proscribió y del pueblo, porque lo engañó, al falso Profeta,  Practicón político; a Petrus in cunctis et Paulis in nihil, al Evangelista sin fe, al sabio sin ciencia, a la máquina de palabras vacías y siempre las mismas, al diccionario sin definiciones”.
            A pesar de su pobreza nunca se amilanó, fue un hombre modesto, sabio y vertical.  El escritor José Manuel Castañón dijo de él en 1969 que “Cecilio Acosta estaba tocado de la gracia de los elegidos.  De los que el destino marca con fuego:  sin lastre de convencionalismo alguno, para comprender y amar todo cuanto dictaba su conciencia en el siglo de las ideas el vilipendiado siglo XIX del cual aún vivimos para recoger la cosecha”.


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