viernes, 28 de junio de 2013

La Convención de Ocaña


            El 11 de julio de 1828, la pugna entre los partidarios de Bolívar y Santander hizo que fracasara la Convención de Ocaña que había sido convocada para elaborar una nueva constitución.
            Después de sellada la independencia americana con la derrota del último bastión realista en el Sur, el Libertador comenzó a temer por su obra debido a las confrontaciones internas y al exacerbado individualismo de algunos caudillos.  Esta realidad la traducía en un forcejeo por la separación de los territorios integrantes de la Gran Colombia.  El primer intento separatista surgió del gobierno venezolano presidido por el general José Antonio Páez.
            El Libertador,  quien se hallaba en el Perú disfrutando de las manifestaciones de gratitud de aquel pueblo, se vio obligado a viajar pronto a Caracas para convencer a Páez de que sus propósitos separatistas a nada bueno conducirían.  Igual misión en aras de la integridad colombina cumple después en Bogotá, cuando el General Santander y los neogranadinos descontentos se declararon en contra del gobierno centralista.
            Su llegada a Bogotá el 10 de septiembre de 1827 apaciguó los ánimos y restableció la confianza en su autoridad.  Asumió la presidencia por mandato del Congreso y estuvo de acuerdo con éste para la celebración de una Convención Nacional en la ciudad de Ocaña a fin de discutir la reforma de la Carta Fundamental.

La Convención de Ocaña se reunió el 9 de abril con la participación de 64 diputados, divididos en dos bandos.  De una parte los partidarios del Libertador que abogaban por una República centralista y, los santanderistas partidarios a toda costa de un sistema  federalista.  La imposibilidad de un acuerdo conciliatorio entre ambos bandos, condujo al fracaso rotundo de la Convención y por ende a la implantación de la dictadura por parte del Libertador. 

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