domingo, 30 de junio de 2013

Bolívar contra Bermúdez

            El 6 de julio de 1816 el General José Francisco Bermúdez llegó desde Kingston, al puerto de Ocumare de la Costa, siguiendo por su cuenta la expedición de los Cayos emprendida por Bolívar.
            Tan pronto llegó al puerto ofició al Libertador participándole su  llegada y su deseo de incorporarse, pero Bolívar en carta fechada dos días después lo rechaza por insubordinado y sedicioso.
            En efecto, Bermúdez tuvo posiciones encontradas con Bolívar.  Al perderse la Segunda República se unió a Ribas y a  Piar para deponer y expulsar al Libertador y en la isla de Haití siguió ahondando las diferencias pretendiendo comandar la expedición de los Cayos.  Bolívar lo licencia y lo deja en tierra, pero éste sigue tras sus huellas y he aquí lo que el Libertador le responde tan pronto anuncia su presencia en Ocumare:
            “Después de las diferencias y contestaciones que usted excitó en Los Cayos, y que me obligaron a licenciarlo; después de los partidos que continuó formando para oponerse a la expedición, pretendiendo el mando de ella contra la voluntad general de todos los que la componían, contra la determinación de la Junta General de Jefes notables que me encargó su dirección, y lo que no menos, contra el expreso comprometimiento de usted después de los votos formales y expresos usted y sus compañeros hicieron públicamente allí de atentar contra mi vida y de elevarlo usted a la autoridad suprema; después, en fin, de las muchas pruebas que ha dado de insubordinación y de sedición, no están en mi arbitrio admitirlo en el ejército ni en el territorio de la República.
Felizmente hasta ahora reina en uno y otro la mejor armonía y subordinación; nada aspiro sino salvar la patria, y si me disputa alguna preferencia es la de ir delante de los demás al encuentro del enemigo,  y la de ejecutar mis ordenes con la más estricta y ciega obediencia.  La presencia de usted entre nosotros turbaría todo el orden, volvería a encender las discordias, haría revivir las odiosas y destructoras pretensiones que se han extinguido ya, y envolvería inevitablemente en sus ruinas al ejército y a la naciente República.
            Por todas estas consideraciones me veo en la forzosa necesidad de impedir a usted y a sus compañeros en el desembarque que solicitan, y lo prevengo se prepare para transbordarse con ellos a un buque que los llevará con seguridad a las colonias amigas.

            Luego que la República esté del todo libre y tranquila permitiré a usted que venga a habitar entre nosotros.  Entonces las pasiones se habrán calmado y no habrá justos temores”.

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