viernes, 7 de junio de 2013

Muerte de Girardot en Bárbula


El 30 de septiembre de 1813 murió de un balazo en la frente el joven neogranadino José Atanacio Girardot cuando se disponía a clavar la bandera nacional en las alturas de Bárbula conquistada por el ejército patriota.

            El mes anterior, Bolívar había entrado a Caracas y proclamado el restablecimiento de la República de Venezuela.  Luego como la capital quedaba amenazada desde la Plaza de Puerto Cabello controlada por Monteverde, pasó personalmente a estrechar el sitio.  Sorpresivamente Monteverde recibió refuerzos desde Cádiz obligando el retiro de los patriotas.  Bolívar, no obstante, lo esperó en Bárbula y allí       le infligió severa derrota.  Pero la patria perdió a uno de sus más valientes oficiales:  Girardot muerto al clavar el Pabellón.
            Este cuadro trágico impresionó tanto al Libertador que decretó honores de héroe para el joven neogranadino.  De regreso a Caracas después de haber derrotado y herido a Monteverde en Las Trincheras, llevó el corazón de Girardot encerrado en una urna de plata y excitó a su oficialidad y a la ciudadanía para que le rindieran los mayores honores.  Bolívar  al día siguiente (14 de octubre de 1813) recibió por acuerdo de la Municipalidad el título de “Libertador de Venezuela” que habría de engrandecer luego con el de Libertador de América.
            Nueve días antes, desde Valencia, Bolívar había dirigido una carta a Luis Giradot,  comunicándole el suceso reflexionando sobre la vida de su hijo Atanasio, “mientras más se hubiera prolongado – decía Bolívar – más timbres habría añadido a su gloria, y más beneficios a  la Libertad de la patria.  Su pérdida es de aquellas que eternamente deben llorarse.  Pero la causa sagrada por la  que ha perecido debe un tanto suspender el dolor, para pensar en sus grandes hechos, y en el respeto que se debe a sus cenizas inmortales.  Ellas vivirán en el corazón de todos los americanos, mientras el honor nacional sea la ley de su sentimientos, y mientras la sólida gloria tenga atractivos para las almas nobles”.





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