martes, 4 de junio de 2013

Bolívar pobre en el exilio


             El 8 de octubre de 1812, Bolívar le escribe desde la Isla de Curazao donde se halla exilado, a su tío don Juan Nepomuceno Ribas, a quien cariñosamente suele llamar “Juancho”, para que responda por el negocio sobre una cantidad de mil pesos que serían entregados en Curazao por un señor de apellido Camacho y que él (Camacho) debería recibir al regresar a Caracas.
            Bolívar se hallaba en Curazao a raíz de la pérdida de la Primera República.  A aquella isla antillana llegó el dos de septiembre después de penosa incomodidad y mala navegación.  Al llegar fue recibido sorpresivamente con una medida de embargo a su equipaje por dos causas:  primero, porque estaban en la misma casa en que estaban los de Miranda y, segundo, porque el bergantín “El Coloso” había contraído deudas en Puerto Cabello que debía pagar él (Bolívar) por  haber sido comandante de la plaza cuando las contrajo. 
            De esta su lamentable situación habla Bolívar en carta dirigida el 10 de septiembre a don Francisco Iturbe.  En la misma dice que se halla sin medio alguno para experimentar su vida que “ya comienza a ver con demasiado hastío y hasta con horror”.  “Aunque mi situación es tan triste como la pinto, no obstante conservo algunos amigos que me obsequian con urbanidad y con franqueza; pero yo creo también que en tratándose de prestarme dinero, o de hacerme servicio de esta clase, temo, digo que no obtendré, nada de provecho y más bien perderé hasta su amistad...”
            La carta de Bolívar el 8 de octubre de 1812 a su tío Juancho es patética de su situación igualmente y la forma como le pide su fianza por mil pesos, hace pensar que su tío no era persona muy confiada, ya para vencer cualquier temor Bolívar le escribe.  “Usted puede contar con la seguridad de que mi firma será cumplida sin la menor demora ni pretexto alguno por don Miguel del Toro, pues en caso de que no hubiese modo alguno de pagar esta miserable suma, vendería cualquier cosa de él mismo para cubrir mi firma.  Esté usted cierto de esto como lo estoy yo de que existo”.

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